En la calle Moreno Zancudo que sube hacia la Plaza Alta
no hay demasiados negocios, pero algunos de los que hay cumplen una
doble y triple misión.
La churrería con servicio a domicilio aAaaa (vocales de
La Alcazaba) abrió este verano con varios objetivos. El primero hacer
dinero como es lógico; pero también dar empleo a discapacitados pues se
trata de un Centro Especial de Empleo. Además, recuperaba una vieja
tradición cuando en esta calle del Casco Antiguo llegaron a coexistir
tres churrerías. Pero lo más novedoso era un solidario plan de fomento
de la lectura por el cual los clientes podían dejar allí sus viejos
libros y otras personas podrían comprarlos al precio de un euro.
La recaudación por este último concepto iría a parar a
proyectos en beneficio de los discapacitados. Libro a libro, ya han
conseguido 800 euros que se han convertido en dos sillas de ruedas que
irán a parar a la Residencia de las Hermanitas de los Ancianos
Desamparados, el asilo que hay detrás de La Granadilla y donde cada vez
hay más personas mayores con problemas de movilidad, explica su dueño
Carlos Díaz.
Según Vicente Ledesma, encargado de la churrería y con
una discapacidad del 28% por una hernia discal, «este servicio de
lectura tiene mucho éxito y la gente no para de consultar si hay
títulos nuevos porque entran y salen libros cada semana. Hay una señora
que de tanto en tanto se presenta con un carro y se lleva los libros de
treinta en treinta».
Autores tan dispares como Flaubert o Ramón J. Sender.
Formatos tan distintos como una biografía de Cervantes o una Guía
Práctica Familiar, monólogos de El Club de la Comedia o enciclopedias
sobre Extremadura ocupan las discretas estanterías de la churrería,
donde según el encargado no faltan los madrugadores que empiezan el día
leyendo. Además, Ledesma explica que entre los lectores que se suman a
la causa, «hay algunos que pagan el euro, se llevan el libro y cuando
lo acaban de leer lo devuelven».