Como una experiencia impactante e irrepetible que paradójicamente están
decididos a repetir. Así describen Alicia Martín y José Manuel López su
paso por el África Subsahariana como cooperantes, luchando contra
diversas enfermedades endémicas. Entre ellas está la malaria, una de las
principales que aceptan a esta maltrecha zona del mundo.
Durante cerca de un mes han trabajado codo con codo con
voluntarios llegados desde diversos puntos del país y con sanitarios
nativos.
La campaña de cooperación corre a cargo de la Asociación
Sociocultural Macodou S. Sall y tiene su epicentro en el centro de salud
que hace tres años construyó en la ciudad de Touba (Senegal) con fondos
de la Comunidad Valenciana, la Diputación Provincial de Cáceres y el
Ayuntamiento de Romangordo. A lo largo del segundo semestre del pasado
año más de medio centenar de voluntarios han pasado por sus
instalaciones, entre ellos Alicia y José Manuel, dos de los cientos de
cooperantes extremeños que este verano han hecho lo propio repartidos
por todo el mundo. Su decisión de ayudar sin recibir nada a cambio -al
menos en el aspecto material- tiene aun más mérito si tenemos en cuenta
que para ambos se trataba del primer viaje a un país del tercer mundo,
donde las necesidades más básicas no llegan a cubrirse ni de lejos.
Alicia Martín, auxiliar de clínica y vecina de Navalmoral
de la Mata, señala que «lo más positivo, sin ninguna duda, es el saber
que has ayudado, que has cumplido una labor y que te pagan con una
sonrisa sincera. La sensación que causa el saber que has hecho algo por
los demás sin esperar nada a cambio y que te llena de un modo
inexplicable». Esta recompensa les daba fuerzas para seguir trabajando a
pesar de la precariedad de las condiciones. «Es todo muy básico y
arcaico, la asepsia allí no existe, el betadine lo diluyen con suero
para que cunda más, puedes estar asistiendo un parto y a tu alrededor
hay insectos voladores, sapos por el suelo, saltamontes,. En una ocasión
hubo un parto a las cinco de la mañana y no había luz, por lo que
tuvimos que asistirlo con linternas», rememora con una mezcla de
frustración por los medios y satisfacción por la labor llevada a cabo.
José Manuel, de Casar de Cáceres, se expresa en
similares términos, insistiendo en que ha sido una experiencia
«positiva, fructífera y enriquecedora, al mismo tiempo que dura. Ha sido
así aunque parezca un tópico». De ahí que animase a otros sanitarios a
iniciarse en cooperación, considerándolo recomendable para cualquiera
que tenga «curiosidad, ganas de ayudar, de hacer algo distinto y de
romper con nuestras normas básica de sociedad».
Para concluir destaca que, a pesar de que el cooperante
aporta su experiencia y trabajo «al final ellos -los damnificados- te
aportan más a ti. Es cierto eso de que que te traes mucho más, y que
algo tuyo queda allí».