BADAJOZ

«La pobreza ya no es solo económica»

Director de colegio durante 30 años, Pedro Herrera ha cambiado la docencia por los centros de transeúntes. «Al principio fue un poco fuerte», reconoce

NOTICIA DE EVARISTO FERNÁNDEZ DE VEGA05/12/2011
CerrarEnvía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

* campos obligatorios
Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

* campos obligatorios
«La pobreza ya no es solo económica»

Pedro Herrera en una habitación del Centro Hermano. :: PAKOPÍ


Pedro Herrera Martín es director del programa de personas sin hogar de Cáritas Mérida-Badajoz


Pedro Herrera Martín transmite tranquilidad cuando habla. Toda una vida dedicada a la docencia le ha enseñado a compartir ideas de forma sencilla y clara. Ahora tiene casi 65 años, pero no se plantea pasar a la reserva. No lo hizo cuando se jubiló cuatro años atrás ni piensa hacerlo ahora. Ser director voluntario del programa de personas sin hogar de Cáritas Diocesana de Mérida-Badajoz le permite sentir que ayuda a quienes más lo necesitan. «No debemos olvidar que en barrena puede caer cualquiera», confiesa reflexivo.

-Muchos tenemos la sensación de que eso de acabar en la calle no puede ocurrirnos a nosotros.

-Para que una persona acabe en la calle tienen que pasar muchas cosas. Lo normal es que una persona sufra tres o cuatro episodios traumáticos en su vida, como puede ser la pérdida de un padre. Pero estas personas acumulan 14 o 15 episodios: pérdida de familiares, maltrato, acoso sexual... Eso hace que poco a poco vayan perdiendo su riqueza personal. Si le añadimos la pérdida de los lazos familiares, es posible entender el proceso. Yo siempre digo que en la calle puede acabar cualquiera.

-¿Desde cuándo está ligado al mundo de la solidaridad?

-Normalmente siempre he estado un poco ligado a lo social, pero un voluntariado tan comprometido no lo he realizado hasta un par de años antes de jubilarme. Antes estuve con mi mujer en los Equipos de Matrimonios, que fueron un hito importante en nuestras vidas. Eso me ayudó en la vida de pareja y de fe, en las relaciones personales. Éramos responsables regionales, íbamos por los pueblos.

-¿Cómo llegó a la dirección del programa de personas sin hogar?

-Al principio lo cogí un poco engañado. Pensé que iba a requerir menos dedicación, lo que ocurre es que esto es como una bola que se va ensanchando y cada vez tienes más implicación, incluso desde el punto de vista afectivo.

-¿Ha cambiado su forma de ver la necesidad?

-Cuando vas conociendo a la gente que pasa por los centros de transeúntes descubres que sus problemas te llegan hondo. El corazón se te enternece y ya no ves a personas con malas pintas o que huelen mal, sino hombres y mujeres que necesitan tu ayuda. Al principio fue un poco fuerte acercarme a ellos.

-¿Qué hay tras esas vidas rotas?

-Para mí la pobreza ya no es sólo un tema económico, sino de pobreza personal. Esa gente son verdaderamente pobres porque se han quedado sin sus habilidades, sin su capacidad de relación, sin su familia...

-¿Tiene Cáritas recursos suficientes para atender a estas personas?

-Los medios son insuficientes. El Centro Hermano de Badajoz y el Centro Padre Cristóbal de Mérida tienen 56 plazas, pero sigue habiendo personas en la calle. Y el problema es mayor porque los usuarios presentan problemas muy distintos y necesitarían una atención más especializada para cada caso. No es lo mismo un toxicómano que un enfermo mental. No es igual alguien rechazado socialmente que una persona con un problema penitenciario.

-A pesar de la escasez de medios, ¿tiene éxito el programa?

-El otro día coincidí en Mérida con una persona que llegó muy mal. Había sufrido una separación traumática y eso lo había alejado del trabajo y de la familia. Luego comenzó a beber y cuando vino al Centro Hermano estaba lleno de magulladuras. Afortunadamente, ha rehecho su vida, en parte porque tenía una hermana cerca de Mérida. Personas como él salen adelante.

-¿Qué le lleva a dedicar su tiempo de forma altruista?

-Yo tengo la satisfacción de saber que el tiempo, los desvelos, las preocupaciones y los disgustos sirven para que las personas sin hogar tengan menos sufrimiento y más esperanza. Para mí el pago es ver que mi tiempo llena un poco de esperanza a estas personas.

-¿Ha tenido que renunciar a muchas cosas?

-A pintar, a viajar, a pasear... aunque procuro hacer de todo un poco. La verdad es que podía estar más relajado, no tener horarios, pero pienso que mi actividad ayuda a mucha gente y eso me compensa.

-¿Qué influencia tiene su fe en la decisión de ser voluntario?

-Yo soy creyente, intento hacer de mi vida una imitación de los sentimientos de Cristo, con mis debilidades y mis fallos, y desde ahí intento enfocar mi vida familiar, mi trabajo, mi relación con los demás.

-¿Cree que la Iglesia hace lo suficiente por los desfavorecidos?

-La Iglesia, creo yo, tiene que abrirse más a la realidad y a los problemas reales de las personas. La jerarquía tiene que dar un paso adelante. Es verdad que Cáritas es obra de la Iglesia, pero la Iglesia todavía se podría implicar más. Y los cristianos igual. Debemos demandar a las parroquias que se abran a las necesidades de los barrios, que potencien la formación de los jóvenes.

-¿Le llena más su voluntariado actual o el trabajo como director de colegio que tuvo?

-Las dos cosas están muy relacionadas. En el colegio ayudas a formar criterios para la vida y en Cáritas contribuyes a reparar errores. A unos los ayudas a ser felices y a otros a recuperar la felicidad: no hay nada peor que tener enfermo el alma.
CerrarEnvía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

* campos obligatorios
Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

* campos obligatorios